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sábado, 1 de junio de 2013

“Adela”, un transexual en la política cubana

“Adela”, un transexual en la política cubana

José Agustín Hernández es delegado municipal desde octubre
REPRESENTANTE. “Adela” Hernandez (ozq.), primer transexual en ser electo para un cargo público, con sus vecinas en Caibarién. (Foto: JOSÉ GOITIA DPA )

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Viernes 31 de mayo de 2013Isaan Risco / DPA | El Universal
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http://www.eluniversal.com.mx/internacional/82840.html
CAIBARIÉN, Cuba.— La apariencia de José Agustín Hernández dista mucho de la trillada imagen del revolucionario cubano. De baja estatura y andar amanerado, Hernández lleva el pelo teñido de un rubio chillón que contrasta fuertemente con su piel cobriza. Para ocasiones especiales se pone zapatos de tacón. Y sus vecinos lo siguen llamando cariñosamente Adela, incluso ahora, que se ha convertido en un conocido político local a sus 49 años.
Hernández es transexual. “Desde que tengo uso de razón”, subraya orgulloso. Y desde octubre de 2012 es también concejal o delegado municipal en Cuba, electo en la pequeña localidad portuaria de Caibarién de la provincia de Villa Clara, en el centro de la isla.
“Esto es un triunfo rotundo”, asegura. Hernández es el primer homosexual declarado que es elegido para un cargo político en Cuba, más de 50 años después del triunfo de la “revolución de los barbudos” en torno a Fidel Castro.
Su elección lo ha vuelto conocido de un día para otro, pese a la miseria que lo rodea. En el barrio marginal en el que vive tiene apenas una choza de madera. Un “ranchito”, como dicen los cubanos, de unos diez metros cuadrados. Sin agua, sin un retrete siquiera. Pero en los últimos meses ha sido visitado incluso por enviados de Mariela Castro, la hija del presidente Raúl Castro.
“Él para nosotros aquí es una familia”, dice la vecina Magaly Álvarez, de 48 años. Hernández, que trabaja también como enfermero en un centro médico de Caibarién, tiene fama de vecino ejemplar en el barrio. “Siempre ha dado el paso al frente, siempre nos ha ayudado”, asegura Álvarez.
Como delegado en la asamblea municipal de Caibarién desde octubre, ha conseguido en pocos meses alumbrado público para el barrio. “Esto era un oscuridad grandísima”, señala Alexis Cepeda, de 41 años. “Ha resuelto muchos problemas”.
Hernández fue propuesto porque no había otros candidatos en el barrio. “Propusieron a un militante del partido y no quiso aceptar”, cuenta él mismo. “Entonces dijeron: ‘Aquí no hay más propuestas que Adela‚”.
Criticado tradicionalmente por la disidencia por excluir a opositores políticos, el sistema electoral de la isla prevé que los delegados municipales y los parlamentarios sean propuestos por los propios ciudadanos en asambleas de barrio. Muchos cubanos, sin embargo, prefieren no participar como candidatos. En privado, la mayoría recela también de la poca influencia real de las instituciones legislativas frente a la cúpula de poder.
Para la elección de Adela fue también decisiva su convicción de militante comunista. “Soy tan homosexual como tan revolucionario”, sostiene. “Todos los países cometen errores y si hay momentos para subsanarlos y rectificarlos, pues bienvenido sea”, comenta. “Yo estoy con todo lo que disponga mi país”.
Inicialmente, las autoridades se mostraron escépticas de Hérnandez. “Pensaron que era una broma”, recuerda Álvarez. Luego aceptaron la elección. La homosexualidad sigue siendo mayoritariamente un tabú en las sociedades patriarcales y machistas de América Latina. Cuba no es la excepción. Estigmatizados como “contrarrevolucionarios”, muchos fueron enviados también a campos de trabajos forzados en los años posteriores a la revolución de 1959.
El propio Fidel se disculpó sin embargo en 2010 por la persecución de los homosexuales. “Si alguien es responsable, soy yo”, dijo. Hoy, el gobierno cubano ha hecho de la lucha contra la discriminación sexual una de sus principales banderas.
Pero a Adela la agobian otros problemas. Su pareja de 21 años volvió por tercera vez a la cárcel por robar ganado. Adela sabe lo que es la prisión. Cuando era joven, su padre lo mandó a la cárcel debido a su homosexualidad. “Salí peor”, bromea.
Ahora espera someterse pronto a una operación de cambio de sexo en La Habana, un tratamiento financiado de forma gratuita por el gobierno. Para tener por fin el cuerpo de lo que su mente siempre le ha dicho que es: una mujer. En sus ratos libres sigue presentándose disfrazado en un show de travestis cerca de Caibarién. “Me pongo 12 pares de medias para sostener las caderas y las nalgas”, cuenta el concejal, entre carcajadas.