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miércoles, 8 de mayo de 2013

"aversión" del investigador Héctor Salinas a la diversidad

CARTAS A NOTIESE. Cuestionan "aversión" del investigador Héctor Salinas a la diversidad


http://www.notiese.org/notiese.php?ctn_id=6569
México DF, mayo 07 de 2013.
Agencia NotieSe
PRESENTE.
Agradeceré la publicación de la siguiente réplica al artículo de opinión del señor Héctor Salinas, “¿Discriminación o agrupación libre de ciudadanos?” (título de suyo críptico y desconcertante), que reconozco de antemano motivada por la indignación y la rabia que me han generado las expresiones claramente transfóbicas, discriminatorias y pro mercado que el referido señor ha vertido en este espacio.
En primer lugar, llama la atención que alguien que se asume como “investigador y docente de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México”, institución de talante incluyente, democrático y progresista, y autor del libro Políticas de disidencia sexual en México, llame abiertamente a la segregación, es decir, en este caso, a que cada expresión sexual y de género se mantenga socialmente aislada, en su propio gueto, sin entrelazarse con el resto de la comunidad.
Desconozco las razones personales y psicológicas que producen esta aversión a la diversidad en el señor Salinas y por qué prefiere relacionarse socialmente únicamente con personas a quienes ilusoriamente considera sus iguales (ya que es bien cierto que, aparte de la orientación sexual, muy pocos otros rasgos son comunes a la llamada “comunidad gay”), con la monotonía y el empobrecimiento de la experiencia que esto supone, pero sería deseable que lo anterior fuera un issue(tema) que el señor Salinas trabajara con su terapeuta y no a través de los medios de comunicación, contribuyendo con ello, de paso, a fomentar la discriminación entre el propio colectivo lésbico, gay, bisexual, transgénero, intersexual y queer (LGBTIQ).
No obstante, debería también abstenerse de querer legitimar su fobia a la diversidad haciéndola pasar como una “lógica de convivencia social” generalizada: existen muchísimas personas que en efecto disfrutamos de compartir el espacio público e intercambiar visiones y experiencias con todos los seres humanos, a quienes apreciamos sobre todas las cosas en su diferencia y diversidad.
Así mismo, habrá que recordarle al señor Salinas que, por encima de preferencias personales de socialización, la Constitución prohíbe la discriminación ”motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”, y que, en virtud de lo anterior, la legislación reglamentaria incluye disposiciones antidiscriminación.
Por ello, la Ley de Establecimientos Mercantiles del Distrito Federal, establece en su artículo 14, fracción IX, que los establecimientos tienen la obligación de “prestar el servicio de que se trate a toda persona que lo solicite, sin discriminación alguna”. Más adelante, en la fracción X, establece la obligación de exhibir “un letrero visible que señale ‘En este establecimiento no se discrimina por motivos de raza, religión, orientación sexual, condición física o socioeconómica ni por ningún otro motivo’”, y finalmente que será motivo de clausura “cuando se preste el servicio (de) que se trate con discriminación” (artículo 89, fracción VII).
En segundo lugar, exigir que sean el mercado y el marketing, es decir, la pura oferta y la demanda y valores socialmente enaltecidos como la apariencia y el poder adquisitivo, los que rijan la convivencia social en este tipo de espacios, resulta una postura muy cuestionable viniendo de alguien que se desempeña como docente en una institución que nace como respuesta a las políticas educativas neoliberales y supone como proyecto académico situarse por encima de esta lógica procapitalista.
Abundan los ejemplos sobre los estragos que este tipo de políticas han causado al minar las capacidades de solidaridad social y operar por el bien común de las comunidades en aras de un individualismo exacerbado que no respeta otro principio que el mercado. Habrá que decir también que el target no es una categoría política. El discurso de los derechos humanos es contrario a este enfoque, pues centra el valor de las personas en sus derechos intrínsecos y no en sus capacidades económicas.
Esto debería quedarnos ya bastante claro, sobre todo a las personas que hemos sufrido discriminación a causa de nuestra identidad de género y/o expresión sexual. En consecuencia, nuestra lucha no debiera ser (y en mi caso personal, nunca ha sido) solamente contra la discriminación por este concepto, sino contra todo tipo de discriminación, incluyendo aquella que se cierne sobre las personas por circunstancias de clase social y capacidad económica.
Pero, clasismos aparte, resulta sorprendente que sea una medida afirmativa, que el Consejo para Prevenir la Discriminación en el DF emprenda una campaña para verificar que en los lugares de socialización no se discrimine a las personas transgénero, lo que genere una reacción tan airada de parte del académico de la UACM, habiendo temas más urgentes que atender. También resulta un poco infantil y evoca los berrinches que hacen los mirreyes cuando el antro se les llena de “nacos”. La lucha por la diversidad no es por la institución de guetos intraspasables, sino por la convivencia libre y plural de todas las personas en todos los espacios públicos.
Finalmente, no está de más citar las consideraciones de Norberto Chaves, en La homosexualidad imaginada, sobre el efecto perverso del mercado en las reivindicaciones homosexuales, para conocimiento del señor Salinas:
El proceso de despenalización de la homosexualidad se ha acelerado notablemente en los últimos años, fenómeno que suele atribuirse a las conquistas de la lucha por los derechos del homosexual. Y puede que haya algo de ello. Pero, más estructuralmente, debe atribuirse al debilitamiento del tabú por pérdida del sustento socio-económico: esta sociedad ya no necesita reprimir a los homosexuales. Y, más aún, comienza a necesitar incluirlos en el sistema, desmarginarlos. Lo necesita el mercado de consumo y el mercado político, razón más que suficiente para el indulto.
[...]
«En el capitalismo todo deviene mercancía»; pues bien, nuestra «diferencia» ya está en el mercado: somos los habitantes y entertainers de un enorme parque temático con sucursales en toda ciudad que se precie de moderna. En el momento en que están dadas las condiciones para la caducidad definitiva de la discriminación sexual, el gueto es relanzado consagrándoselo como folclore diferenciado, pintoresquismo mercantilizable. El capitalismo envilece toda esperanza humana.
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Atentamente,
 
Alejandro Juárez Zepeda
Activista por los derechos humanos. Coordinador general de diferentEs*.