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sábado, 22 de septiembre de 2012

LA LUCHA POR LOS DERECHOS HUMANOS DE LA DIVERSIDAD SEXUAL EN MEXICO


LA LUCHA POR LOS DERECHOS HUMANOS DE LA DIVERSIDAD SEXUAL EN MEXICO
por Enrique Adar Guadarrama Zea
Sin duda, las reformas en materia de diversidad sexual que se han dado en la Ciudad de México se han convertido en un episodio histórico y catalizador de voluntades y de energías entre las personas estigmatizadas, perseguidas y condenadas por su sexualidad, no sólo en el Distrito Federal sino para el resto del país. Lo acontecido recientemente puede considerarse un símbolo de luchas por los derechos humanos en México, así como de actos públicos y políticos de visibilidad más importantes en los últimos años, sin los cuales no podría entenderse la rápida construcción de una red de derechos humanos sobre diversidad sexual.  

Cierto es que en la Ciudad de México falta mucho más de lo deseable para avanzar en materia de democracia y ciudadanía plena. Cierto es que los derechos civiles se dan porque se conquistan, y se conquistan y ejercen debido al empoderamiento ciudadano. Pero también es cierto que actualmente las personas que integran la diversidad sexual cuentan con mayor reconocimiento en sus derechos. También es cierto que no todos los gays, lesbianas, bisexuales, transgéneros, travestis, transexuales e intersexuales comparten las mismas preocupaciones, individuales y colectivas, por la misma regla que existen disidentes sexuales ricos y pobres, ateos y creyentes, de izquierda o de derecha, cuyos objetivos y apuestas vitales pueden ser contrapuestos y excluyentes, también existen personas de la diversidad sexual a quienes no les interesa en lo más mínimo o que pueden juzgar poco atractivas, incluso ridículas o peligrosas las propuestas en materia de democracia y ciudadanía plena, por supuesto que están en su derecho. 

Cierto es también que ser disidente sexual no lo convierte a uno/a, automáticamente, en una persona más respetuosa o más tolerante, ni tan siquiera con los propios disidentes sexuales u otras personas LGBTTTI. 

Como dice Luis Zapata “La mayoría de las conquistas obtenidas en el D.F. no han llegado a la provincia, lo cual significa que sólo benefician a una parte del país: salvo contadas excepciones, en todos lados se sigue mirando con desdén a los gays, y los actos de homofobia y los crímenes de odio están lejos de haber desaparecido. Es innegable, también, que continua habiendo mucha, muchísima hipocresía y que la mayoría de las familias mexicanas aún son rígidamente tradicionalistas: muchos jóvenes viven con culpa y pesar el descubrimiento de su orientación sexual.[1] 

Zapata agrega: “Bueno, entonces celebremos a medias; celebremos las batallas ganadas, pero sin bajar la guardia ante lo que aún debe conquistarse”

El matrimonio universal, es una meta pendiente, meta aún no alcanzada en el ordenamiento jurídico que rige a la República Mexicana el cual no puede ignorar la existencia de uniones de hecho homosexuales. Afortunadamente Coahuila y la Ciudad de México se han convertido en la vanguardia en este renglón. El reclamo no es por una ceremonia a la que se acuda con vestido blanco, sino por el derecho a gozar de los beneficios de la seguridad social, los derechos de propiedad, las pensiones y la protección hereditaria, es por la igualdad y la no discriminación.

Así mismo se cree fervientemente que un Estado democrático está obligado a respetar las relaciones sexuales consensuadas entre dos personas libres, capaces, mayores de edad,  y que integran el ámbito de su privacidad y por lo tanto no ofenden la moral pública.  

La posición del Derecho frente a las uniones que tienen como base la cohabitación homosexual pública y estable, debe ser la de respeto y reconocimiento. El respeto a la libre determinación y a la vida privada de las personas hace necesario que las uniones homosexuales no puedan ser perseguidas penalmente, ni discriminadas arbitrariamente. El Estado mexicano está obligado a reconocer mediante el Derecho la existencia de uniones homosexuales y, en consecuencia, concederles efectos jurídicos, sobre la base del respeto a los derechos humanos.  

El reconocimiento de los derechos humanos y la implementación de políticas públicas en beneficio de las personas transexuales y travestis tiene la finalidad de acabar con la discriminación, reconocimiento de una identidad, evitar muertes por torturas policiales, por SIDA, por operaciones o cirugías estéticas hechas de cualquier modo con siliconas industriales, y por reasignaciones quirúrgicas realizadas por médicos no capacitados.
 
Existe tambien el pendiente de la visibilidad de las personas bisexuales, quienes sin embargo poco a poco van accediendo a espacios y defendiendo sus derechso.

También se debe reconocer que un problema de la democracia en México y en todo el mundo es la arrogancia de un grupo de pretender representar a todos. El problema es que, como seres humanos, vivimos atrapados entre la singularidad de la existencia y la universalidad del lenguaje. Cualquiera sea el modo en que el lenguaje nos refiera, siempre lo hará bajo la forma de condiciones universales que pueden ser o no cumplidas por todos, pero que nunca agotarán la descripción lo suficiente como para alcanzarnos en toda nuestra complejidad. En consecuencia el movimiento de la diversidad sexual tendría que ser solidario a las luchas de los negros, las feministas, los hispanos, los indios, los hippies, los jóvenes, los estudiantes, los trabajadores, los migrantes, en contra de la violencia y apoyar a otras víctimas de la opresión y de los prejuicios y encontra de cualquier crimen de odio. 

Podremos decir que somos varones, mujeres, travestis, transgéneros, intersexuales, poli amorosos o heterosexuales, blancos, mestizos, amarillos, negros o indígenas, o pobres, ricos o de clase media, educados o analfabetas, sexoservidores (as) o sacerdotes o monjas, o científicas o técnicos, jóvenes o viejos, bellas, feas, feos o guapos, obesos o delgados, gordos o gordas, flacas o flacos, judíos, católicos, musulmanes u otros. Pero siempre habrá algo más que no está dicho, y esto se une al hecho de que cada grupo al constituirse como sujeto político, genera una identidad y una alteridad; y se van generando reglas de aceptación. No cumplir con las reglas de la identidad y de aceptación significa ser expulsado, estigmatizado, discriminado, como argumento de buscar lo homogéneo. Y esto es precisamente lo que debemos combatir y erradicar con la idea de que perdure la riqueza de la diversidad en todos sentidos. 

El movimiento de la diversidad sexual debe rechazar también la violencia, la guerra contra el narcotráfico emprendida por Felipe Calderón Hinojosa, que ha causado más de 40,000 muertes, y negarse animar la complicidad en la guerra y el apoyo a la maquina bélica que podrían volverse en su contra, además debe comprometerse en una continua lucha política en todos los frentes, debe situarse en primer plano y buscar eliminar la supremacía machista, androcentrista, homófoba, misógina, heterosexista, sexista, pero tambien contra la enfermedad del mujerismo, así como ser conscientes políticamente y estar organizados.

Para mitigar los sufrimientos de los disidentes sexuales debemos evitar recurrir a las definiciones y clasificaciones arbitrarias y excluyentes de la ciencia y el derecho, hechas según los parámetros muchas veces fundados en el dogma religioso. Las etiquetas preceden y reemplazan a la escucha de las propias personas y pretenden transformar una biografía en una categoría. La inadecuación entre las condiciones de aplicación del concepto y el cuerpo, se considera un problema del cuerpo: se lo aparta, se lo margina, se lo excluye de la condición de ciudadanía, se le enajena de la posibilidad de ejercicio de sus derechos. 

Para contrarrestar esta abyección, esta injusticia, debemos romper ese etiquetamiento y ese círculo de justificaciones de la subjetividad hegemónica. La opresión no es sólo una cuestión de género, pero no podemos omitir la consideración del género de cualquier movimiento emancipatorio. Si al construir un movimiento repetimos el ritual de la exclusión, creo que hemos aprendido muy poco. Debemos considerar al otro, la otra, las otras y los otros.  

En cuanto a la situación de los derechos humanos en México la cual fue evaluada con el Mecanismo de Examen Periódico Universal (MEPU) en febrero de 2009, además de que los diferentes actores han presentado diagnósticos. Y en específico la evaluación de la situación de los derechos humanos de los disidentes sexuales, sugiere cambios estructurales, pues se ha puesto en evidencia los rezagos en el ámbito de la diversidad sexual y los derechos humanos en todo el país. 

Se tienen muchos pendientes, en los Estados Unidos Mexicanos no se ha avanzado de manera homogénea en la igualdad de derechos humanos y no discriminación para los disidentes sexuales. En la Ciudad de México, poco a poco se va construyendo un marco jurídico contra la discriminación, que si bien no es el ideal, puede ser mejorado, constituye un avance civilizatorio histórico, que la coloca a la vanguardia nacional e internacional en cuanto a modernidad legislativa y respeto a las libertades individuales. Reconoce una sociedad moderna, plural y diversa. No obstante consideramos inconveniente asumir una actitud conformista, pues siguen existiendo rezagos en materia social, alimentaria, económica, política, educativa, de salud, ecológica y de distribución de la riqueza. 

A nivel nacional se cuenta con una Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, pero son pocas las leyes que garantizan los derechos de personas y grupos de personas en situación de vulnerabilidad, En el caso de los disidentes sexuales falta garantizar derechos como: el matrimonio en todo el país, la adopción, la pensión alimenticia, la seguridad social a las parejas del mismo sexo.  

Por ejemplo el derecho a la salud en México enfrenta múltiples problemas como el bajo y heterogéneo gasto público en el sector, lo que se traduce en acceso limitado y desigual a los servicios respectivos, otro problema es la fragmentación del sistema y del modelo institucional de atención, cuyas implicaciones se reflejan en una calidad desigual en los servicios y la dotación de medicamentos, así como los bajos niveles de eficiencia y la corrupta certificación de hospitales. A ello se suma la generación de actos discriminatorios y de selección por motivos de orientación sexual, situación de salud, raza, etnia, color, situación económica o afiliación política o religiosa. Aun cuando la salud es un derecho fundamental, este no es garantizado por el estado mexicano. También es lamentable que la Comisión Nacional de Arbitraje Médico, este limitada solo al arbitraje entre los quejosos y las autoridades y médicos, cuando debería ser un órgano promocional, un ombudsman defensor del derecho a la salud. 

No basta decir que México sea parte del multilateralismo y que se respetan los principios y derechos contenidos en los acuerdos internacionales referentes a los derechos humanos. Es hipócrita la actitud del estado mexicano de impulsar convenciones, declaraciones internacionales o promover la creación del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, ya que al interior del país existe incumplimiento de los derechos humanos y el Estado no cumple con sus obligaciones internacionales. No hay voluntad política, de respeto a los derechos no sólo de los disidentes sexuales, sino de todos los mexicanos. 

La política exterior de México es sólo retórica, pues en lo interno diariamente vemos la violación de los derechos humanos y no existe una nota aprobatoria para el gobierno de Felipe Calderón, como tampoco para los gobernadores de todos los estados de la federación. El goce de los derechos humanos en México está en riesgo y la situación es de extrema preocupación. El Estado debe tomar medidas inmediatas para proporcionar protección eficaz a todos los mexicanos, cuya integridad y vida corren peligro, pues la violación a sus derechos durante los últimos años ha sido recurrente. La actuación del Estado mexicano se basa en la simulación, el cinismo, la inacción, la incapacidad, la opacidad o falta de transparencia y la indiferencia para asumir sus obligaciones internacionales.  

La Ciudad de México debe ser referente para que en otros estados del país y a nivel federal se respete la diversidad sexual, ya que existen muchos homosexuales, lesbianas, bisexuales, travestis, transgéneros, transexuales e intersexuales que son discriminados, oprimidos y privados de su dignidad y de sus derechos humanos. Aun a pesar de la existencia de leyes que protegen a estas personas, definirse como disidente sexual para muchas personas implica un riesgo incluso de perder la vida y no sólo la integridad física, pues continúan las extorsiones por parte de la policía, las golpizas y el asesinato o desaparición, la marginación familiar y el despido laboral, las declaraciones absurdas de representantes en las cámaras locales y nacionales, de representantes de iglesias, que sólo incitan al odio. 

La Ciudad de México se está convirtiendo en un campo de refugiados para disidentes sexuales que huyen por homofobia de otras entidades federativas, huyen de los maltratos, de la discriminación, buscando nuevas oportunidades y sobre todo tranquilidad para vivir, no porque aquí las cosas sean fantásticas, sino porque en sus lugares de origen son terribles, pues ponen en peligro sus trabajos y cualquier esperanza de una vida decente, huyen de la policía que los extorsiona, de familias que los repudian, expulsados de las escuelas, despedidos del empleo, golpeados. 

Desde una perspectiva histórica, social, psicológica y por supuesto desde los derechos humanos, la diversidad sexual no es otra cosa que una clara ilustración de la enorme variedad de posibilidades que existen en el ámbito de la sexualidad. 

Estamos de acuerdo con Álvarez-Gayou Jurgenson, en llamar la atención sobre la necesidad de desgenitalizar la sexualidad y, por ende reconocer que la diversidad sexual trasciende las dimensiones exclusivamente eróticas. No olvidemos el cariño, el amor y el enamoramiento (limeraza para Doroty Tennov, 1981).[2] 

Es importante ampliar el concepto mismo de lo que quiere decir hombre o mujer, resignificando las relaciones homoeróticas en términos de género, ampliar las categorías sobre las relaciones homoeróticas, amorosas o sexuales. Algunos de los fundamentos ideológicos de quienes se oponen a otorgar mayores derechos a la comunidad gay terminan aterrizando en algunos de estos conceptos: ser homosexual no es normal, es antinatural, es una enfermedad,  se pregunta ¿son “normales” los homosexuales, las lesbianas, los bisexuales, los travestis, los transexuales, los transgéneros y los intersexuales? Creemos que el calificativo “normal” ha sido sepultado por la democracia, la tolerancia y la inclusión que son signos-anhelos de nuestros tiempos. Requerimos una educación basada en avances científicos y el respeto a los derechos humanos, la igualdad y la no discriminación.  

La ecuación papá-mamá-hijos es, en algunos casos, escenario de violencia intrafamiliar; en otros no. Eso bajo ningún concepto puede ser considerado normal. La familia tradicional como estructura básica de la sociedad se encuentra desgastada, fracturada. Está desbaratándose o modificándose o en el mejor de los casos, diversificándose y democratizándose. 

Se podrian formular otras preguntas como si ¿es “natural” que un hombre golpee a una mujer? ¿Qué la mujer esté sometida por el bien de sus hijos? ¿Qué aguante todo lo que el hombre haga con la mira puesta en la unión familiar? Porque éstas son las ideas que permean cómodamente en amplios sectores sociales y se antoja que palidecen en la categoría de “naturales” frente a una pareja del mismo género, la cual tampoco está exenta de la violencia intrafamiliar. En otras épocas también era ilegal ser de raza negra, no se tenían los mismos derechos, o estaban prohibidos los matrimonios interraciales. 

Ningún disidente sexual es un enfermo pues el 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud, perteneciente a la ONU, retiró la homosexualidad de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud. Desde hace casi 20 años, la homosexualidad no es enfermedad para ningún doctor, psiquiatra o psicólogo serio. Con estos antecedentes, quienes han conformado de manera habitual vivir alrededor de la orientación heterosexual no tienen autoridad moral para reprimir, mucho menos suprimir, negar la conformación y el ejercicio de otras formas de familia, de convivencia social o de amor.  

Los datos que exhiben el fracaso de algunas familias, no es para rendirse y abandonar a la familia tradicional como modelo alternativo, sino para intentar reforzarla sin hipocresías y al mismo tiempo tolerar otras alternativas, maneras u opciones de fundar familias, Y aclaro nadie se ha vuelto gay, lesbiana, bisexual, transgénero, transexual, travesti o intersexual  por la crisis de la pareja o las familias tradicionales; aceptar los matrimonios de parejas del mismo sexo es un tema de universalidad, de respeto a la vida privada de otras personas, a las decisiones de cada uno. 

Lo principal es romper el estereotipo y reconocer la diversidad de la sexualidad: la familia de papá-mamá-hijos no es una familia feliz en automático, pues nadie tiene garantizada la felicidad. Es conveniente reconocer que las personas disidentes sexuales, sean homosexuales, lesbianas, travestis, transgéneros, transexuales o intersexuales no son delincuentes, fenómenos, drogadictos, enfermos o proxenetas entregados a la lujuria. Hay parejas de mujeres o de hombres que son felices; otros que no lo son pero que tienen todo el derecho de intentar serlo. Y hay familias tradicionales a los que los hijos no quieren volver por la violencia intrafamiliar, la poca atención con que cuentan de los padres. 

Un argumento importante para que las parejas del mismo sexo puedan adoptar niños, es que los infantes sujetos a adopción no tienen ni una figura paterna o materna, viven muchas veces en el abandono de guarderías, algunos otros están a merced de traficantes de órganos y niños. Son pequeños sin hogar, sin padre, sin madre, con un futuro incierto. En cambio, si algunas parejas del mismo sexo deciden adoptar, se abre el abanico de opciones para muchos infantes, quienes a través de un riguroso procedimiento son asignados a personas que les puedan dar un horizonte o un futuro, educación y un hogar. Se ha avanzado pero falta todavía mucho más por hacer en casi todas las áreas. 

Sería un gran error concluir que las perspectivas son todas sombrías en materia de derechos humanos, democracia y diversidad sexual; lejos de ser así. Muy promisorio es el lento desarrollo de una cultura de los derechos humanos entre la población mexicana, tendencia que se ha acelerado debido al activismo popular que ha producido un efecto civilizador en muchos campos, es alentador la marcada preocupación por los derechos humanos, entre ellos los derechos de las supuestas minorías (los indígenas, las mujeres, las personas con discapacidad y los disidentes sexuales) 

Para el movimiento de la diversidad sexual es adecuado solidarizarse con otras causas de derechos humanos y justicia mundial, que incluso se han conformado y se reúnen anualmente en el Foro Social Mundial, como un  fenómeno totalmente nuevo y sin precedentes, es momento que el movimiento de la diversidad sexual inicie un acercamiento con las protestas populares y activismos en tanto de México como con los del sur del continente a fin de contrarrestar los efectos nocivos que la globalización de las grandes multinacionales, a efecto de realizar alianzas concretas con las bases, y de cambiar la retórica y las políticas e influir para terminar con la violencia estatal, consagrándonos a la creencia de que “es posible otro mundo”, desafiando el sistema imperante, buscando alternativas constructivas de pensamiento, acción e instituciones que sean incluyentes, construir nuevas redes de apoyo y acción que se relacionen con las comunidades. Es momento en que el movimiento de los disidentes sexuales tome conciencia  de sí mismo como una fuerza mundial creciente, para superar los sentimientos de aislamiento e impotencia. 

Se deben realizar líneas de investigación  que consideren la clase social y la raza como factores igualmente opresivos y fundamentales para comprender la subordinación sexual de mujeres y hombres, de la diversidad sexual, que no son blancos o de clase media, sobre todo de homosexuales, lesbianas, bisexuales, travestis, transexuales, transgéneros, intersexuales, que son negros, indígenas, y que se interrelacionan con la pobreza extrema. 

Por último quiero expresar mi reconocimiento a todas y todos los que por muchos años han luchado, manifestado, escrito, investigado y pensado para el reconocimiento y acceso a la igualdad de derechos de los disidentes sexuales.

Una mención final es mi reconocimiento a aquellos quienes a través de sus informaciones útiles y sugerencias hicieron posibles este trabajo, quienes me proporcionaron documentos, entrevistas y la gran actitud de colaboración, así como para todos aquellos que de alguna forma apoyaron este proyecto.

También para los muchos disidentes sexuales, hombres y mujeres que a través de su amistad y confianza han enriquecido mi vida personal y profesional durante muchos años.

[1] Zapata Luis. Prologo “Highlights de mi vida como gay”. En México se escribe con J, una historia de la cultura gay, Michael K. Schuessler y Miguel Capistrán. Editorial Planeta Mexicana, temas de hoy, (México, 2010) p. 12.
[2] Álvarez-Gayou Jurgenson,  Op. Cit. pp.30-31.