OMBUSGAY

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jueves, 3 de junio de 2010

REGLAS Y VALORES EN LA DEMOCRACIA

“REGLAS Y VALORES EN LA DEMOCRACIA” DE UMBERTO CERRONI
BREVE RESUMEN ENRIQUE ADAR GUADARRAMA ZEA
FECHA: JUEVES 26 DE FEBRERO DE 2009.

EN EL TEXTO DE REGLAS Y VALORES EN LA DEMOCRACIA, Estado de Derecho, Estado Social, Estado de Cultura. De Umberto Cerroni en el Capítulo II sociedad y Estado. Me pareció interesante lo siguiente:

Se puede considerar a Schmitt como el primero en haber criticado, en el plano técnico y con toda amplitud, tanto la pareja Estado- sociedad – en tanto que categoría portadora de política- como la noción misma de estado. Pero, a espaldas suyas, ya habían trabajado la tradición del institucionalismo jurídico francés e italiano, así como la del pragmatismo americano (Bentley). Se observa también la aportación del idealismo italiano: por ejemplo, para Croce, el Estado es “ni más ni menos que un proceso de acción utilitaria de un grupo de individuos” (B. Croce Ética y política, Bari, 1973, p 173).

Así pues, mientras persiste la crisis teórica de los dos distintos conceptos, ya se ha anunciado la de la pareja conceptual que debía resolverla. De modo que se trata, ante todo, de comprobar la utilidad de esta pareja conceptual y, eventualmente, darle un mejor enfoque.

MODERNIDAD DEL CONCEPTO DE ESTADO.

El punto de partida no puede dejar de ser la comprobación –desde ahora consolidada- de la modernidad del concepto mismo de estado. Tal comprobación plantea el complejo problema de la tipificación histórica de los ordenamientos políticos y, desde luego, no puede reducirse a la afirmación simplista de que todas las sociedades premodernas son sociedades sin Estado. Lo cual significa, mas bien que, las sociedades premodernas no han conocido (producido) ordenamientos políticos identificables con el tipo de Estado “descubierto” (producido) en la Edad Moderna.

Pero aquí se trata de precaverse rápidamente ante eventuales manipulaciones subjetivistas, como la que parece contener la afirmación del historiador L. Febvre de que el Estado es “una palabra forjada por los modernos para su uso particular, una palabra que, desde fecha reciente, va trasmitiéndose de país en país.

Los estudiosos del derecho y de la política son más fácilmente propensos a acoger, no sólo la heterogénea composición de ethos y cratos, de Sollen y Müssen, de identidad y naturalidad que pueden encontrarse tanto en el derecho como en la política, sino, sobre todo, el entrelazamiento, podríamos decir “técnico” que estrecha indisolublemente aquellos dos elementos, haciéndolos un único objeto diferente e irreductible a otros tipos de “composición entre ida y naturaleza”. Teóricos del derecho y de la política advierten el carácter específico de aquel entrelazamiento, sin el cual no se tiene Estado, no ya en el vago sentido de estado legítimo, o en el burdo sentido de Estado-fuerza, sino en el pertinente sentido complejo de Estado efectual. Sin duda por esto Kant conduce la gran secesión del derecho de la moral operando simultáneamente una distinción entre el derecho y la pura fuerza. Puesto que, como es sabido, después de Maquiavelo ello está advertido por todos los pensadores – desde Hobbes, primer teórico de la ley, hasta Rousseau, que fija el antagonismo conceptual entre derecho y fuerza-, se puede concluir fácilmente que la amalgama idea- naturaleza aflora no sólo en conexión con el moderno nombre Estado, sino con la moderna cosa Estado.

En el párrafo 260 de la Filosofía del derecho, de Hegel, en comparación con el párrafo 268 de Los lineamientos de filosofía del derecho, Bari, 1971, pp 218 y 222. Hegel habla precisamente de la mediación estatal entre la individualidad personal, dotada de intereses particulares, y el interés de la generalidad, que debería cumplirse precisamente en las instituciones del Estado.

Así, el “sentimiento político” (politische Gesinnung), que debería universalizar la particularidad de intereses, es “solamente resultado de las instituciones existentes del Estado”; tan cierto es, que asume un nombre tan poco “universal” como patriotismo. Evidentemente, Hegel generalizaba de manera arbitraria el específico sentimiento político del Estado nacional moderno, mientras nos prometía, por una parte, una universalización más radical, y, por otra, una más profunda penetración –y modificación- en el mundo de los intereses particulares. Se comprende también que el sondeo de este mundo de intereses, emprendido quizá con gran lucidez teórica, con el examen del sistema de necesidades, permanezca bloqueado por la entificación jurídica de los intereses propietarios, para que la propiedad se vuelva pronto derecho de propiedad, aunque lo que Hegel analiza sea la sociedad civil y no el Estado.

Marx, refiriéndose al párrafo 268 de Hegel: “El Párrafo 268 contiene una bella exposición sobre el sentimiento político, sobre el patriotismo, que no tiene nada en común con el desarrollo lógico: salvo que Hegel lo determina “sólo” como resultado de las instituciones existentes en el Estado, en las cuales la racionalidad está realmente presente, mientras que, por el contrario, estas instituciones son de igual manera una objetivización del sentimiento político.

En otras palabras, la sociedad civil debe concebirse como heterogénea respecto al estado, y el Estado puede mediarla, no ya invadiéndola, sino fundiendo en ella los contrastes, en un proyecto racionalmente apreciable y valorable por los mismo ciudadanos, en cuanto seres racionales, que son también miembros de la sociedad civil y portadores de intereses particulares.

CAUTELAS METODOLÓGICAS.

La consistencia heterogénea de la sociedad civil parece, por tanto, una instancia esencial para comprender y construir la misma laicidad racional del estado moderno. Se comprende por ello que, muy frecuentemente, la negación de la pareja conceptual Estado-sociedad se produzca en función de un oscurecimiento de aquella heterogeneidad, y por ello también, involuntariamente, de la propia laicidad y racionalidad del Estado moderno. Esto no significa realmente que se trate de “escoger” entre el estado y la sociedad civil, como sucede, por ejemplo, cuando la política contingente divide institucionalistas y movimentistas, estatalistas y anarquistas. Pero ciertamente no puede bastar la afirmación de Lipset de que “el error consiste precisamente en considerar la sociedad y el estado como dos organismos independientes, preguntándose cuál de los dos es más importante o preferible.

Norberto Bobbio, al examinar el concepto de sociedad civil, afirma que “no se puede determinar el significado y delimitar la extensión, sino volviendo a definir simultáneamente y delimitando en su extensión el término “Estado”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

post impresionante. Realmente disfruté la lectura de su blog.

Anónimo dijo...

Este fue un buen artículo para leer, gracias por compartirlo.