OMBUSGAY

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jueves, 3 de junio de 2010

POSITIVISMO JURIDICO, DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS

BREVE RESEÑA DE “POSITIVISMO JURÍDICO, DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS” DE AGUSTÍN SQUELLA
POR ENRIQUE ADAR GUADARRAMA ZEA


En este texto se desarrolla la idea de la democracia como forma de gobierno, así como lo relativo al puesto que ocupan los derechos humanos en esa misma idea, menciona también que Ross y Kelsen, sobre el tema de la democracia, la consideran, acertadamente a juicio de Bobbio, como un simple método de adopción de las decisiones colectivas. Este método, en consecuencia, puede conducir por su parte, a la adopción de diversos órdenes sociales y económicos, y no al contenido de un determinado orden social y económico que pudiera ser considerado como el mejor, el verdadero o el más justo.
Menciona como una definición mínima de democracia, en suma, corresponde con una concepción procedimental de la misma o lo que es igual con una noción formal de democracia. Una definición semejante considera la democracia como un conjunto de reglas o procedimientos, en este sentido un método, que permiten adoptar las decisiones colectivas o de gobierno, esto es, aquéllas que, junto con interesar a todos los miembros de la colectividad, resultan además vinculantes para todos los miembros del grupo. Resulta necesaria la adopción de decisiones orientadas hacia otros, o hacia todos, y estas decisiones colectivas o de gobierno, al no poder ser tomadas por los individuos en forma aislada, es preciso que lo sean por alguien y que este alguien proceda en tal caso conforme a determinadas reglas y procedimientos que se hallan preestablecidos.
Son las preguntas de quién y cómo tomar las decisiones, o sea, quién y cómo deberá gobernar. Las modalidades autocráticas de gobierno contestan diciendo que las decisiones colectivas deben ser tomadas por una persona determinada, o bien por un grupo circunscrito y limitado de personas, a quienes se les suele identificar, incluso, como los llamados naturalmente” a la tarea de gobierno: los más sabios, los moralmente mejor calificados, los que reconocen determinada filiación, cierta clase social, una casta religiosa o profesional cualquiera, etc. En cambio, la democracia, al responder a esa misma doble pregunta, lo hace sin saber ni determinar de antemano quién debe gobernar y cómo debe hacerlo: mejor aún, responde sobre la base de admitir que no hay un criterio cierto ni compartido acerca de quién deba gobernar ni tampoco acerca de cómo deba procederse desde el gobierno, esto es, la facultad de adoptar decisiones colectivas, quede en manos, por breves lapsos predeterminados, en manos de cualquiera que la mayoría de las personas, debidamente consultadas, elija para esta misma función, quedando por otra parte sujeta esta mayoría, en cuanto a cómo debe proceder desde el gobierno, sujeta a ciertas reglas fijadas igualmente de antemano.
En este texto se presenta una serie de ensayos que facilitan una mejor comprensión de la tesis positivista entre la distinción del derecho y moral, así como de sus limitaciones y, a la par contribuye también a establecer una cierta relación entre otras tesis positivistas -como la de la relatividad de nuestros juicios de valor- con la democracia como forma de gobierno y el vínculo, por último que existe entre la democracia y derechos humanos.