OMBUSGAY

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martes, 15 de junio de 2010

FUNDAMENTALISMO Y TERRORISMO: EL CASO MUSULMAN

“FUNDAMENTALISMO Y TERRORISMO: EL CASO MUSULMAN”
LIC.ENRIQUE ADAR GUADARRAMA ZEA
MIERCOLES 29 DE ENERO DE 2009
En el texto de Enzo Pace y Renzo Guolo , se nos menciona desde hace por lo menos dos siglos que el mundo musulmán está atravesando por movimientos que buscan restablecer el orden ideal de la Ciudad islámica, en la cual la religión, la sociedad y la política estaban estrechamente ligadas según un preciso orden jerárquico.
EL DESPERTAR.- es una corriente del fundamentalismo islámico que durante los siglos XVIII y XIX se manifiesta en las áreas periféricas de los imperios musulmanes, y que se caracteriza por el activismo de los actores sociales de origen predominantemente tribal. El despertar es la respuesta a esta crisis socio religiosa. Al mismo tiempo, el islam del despertar asume rasgos marcadamente etnonacionales, al tiempo que se opone, de un lado, a la penetración de las potencias occidentales, y del otro, a la influencia de otras religiones, ambos factores considerados causas de decadencia. Otro rasgo en común es la irrupción de una figura carismática que se presenta como renovador de la continuidad de la tradición o que se atribuye –o que le es atribuido por sus seguidores- el Esperado o el Enviado de Dios, aquel que fundará el “Reino de los justos” antes del Juicio final. Aunque no se basa directamente en las dos fuentes mayores del islam, el Corán y la Sunna. Los movimientos del despertar se difunden sobre todo en las áreas periféricas del mundo musulmán. Sin embargo, el movimiento de despertar más importante se desarrollo en arabia central a partir del siglo XVIII. El fundador es Muhammad abd al Wahhab (1705-1787), que predica un retorno a las fuentes, a un islam puro y liberado de todas las innovaciones censurables introducidas durante siglos. El islam wahabita se basa principalmente en el concepto de la absoluta soberanía de dios, que debe ejercitarse incluso en el plano mundano; en un rígido monoteísmo, y por lo tanto en el rechazo del politeísmo, al cual se le asocia cualquier forma de adoración hacia los seres humanos, incluidos los santos. Estos movimientos no llegarán, sin embargo, a producir cambios estructurales en las instituciones y en la dimensión religiosa del islam.
EL REFORMISMO.- nace también como reacción a la decadencia del mundo musulmán y la mayor presencia de Europa, pero se diferencia notablemente del despertar que en cambio conserva, la convicción de que es necesario devolverle actualidad a la fe de los antiguos, purificando el islam de las desviaciones de la edad de la decadencia, o bien de su sustancial indiferencia hacia la disipación de las costumbres y la religión, de su alma supersticiosa y esclerosada, de la influencia del humanismo musulmán. El desafío reformista gira en torno a la posibilidad de conciliar la modernidad con el islam, buscando retraducir en el lenguaje islámico algunas categorías típicamente europeas. A comienzos del siglo XX y después de la caída del imperio otomano, el reformismo les da un impulso notable a las reivindicaciones nacionalistas y las luchas por la independencia. El reformismo, sin embargo, no logrará ubicarse claramente a la cabeza del nacionalismo de los países musulmanes.
EL RADICALISMO.- la remoción del islam como elemento fundante de los nuevos estados naciones surgidos con la caída del Imperio otomano y la difusión de las ideologías de origen occidental, nacionalistas y socialistas, es uno de los factores desencadenantes del radicalismo islámico. El radicalismo marca continuidad y rupturas con las dos fases precedentes del fundamentalismo: en efecto, si por un lado se remite al despertar, reactualizando en clave mundana el mesianismo islámico, y por otra imita del reformismo la atención al problema del estado, representa la superación de ambos “modernizando” el concepto de yihad e islamizando el de modernidad. En los orígenes del radicalismo está la asociación de los hermanos Musulmanes, fundada en 1928 por el egipcio Hasan al-Banna(1906-1949), en cuyas filas, después de la muerte se desarrollará acabadamente la ideología del radicalismo.
TERRORISMO.- En el texto de Khatchik DerGhoukassian se menciona que desde los atentados del 11 de septiembre, el terrorismo es la mayor amenaza la seguridad internacional. Al Qaida, la organización fundamentalista islámica sunnita, se distingue de otros grupos terroristas, incluyendo a los fundamentalistas shiítas. La administración Bush, que ha hecho de la guerra contra el terrorismo la guía de su política exterior y doméstica, se basa en un esquema conceptual que dificulta la formación de un régimen de seguridad internacional. Partiendo de una comparación del terrorismo fundamentalista shiíta con la vertiente sunnita de Al Qaida, y el análisis del carácter de la política estadounidense, este trabajo define el contexto político internacional del terrorismo de la Posguerra Fría. Pese a la existencia de una amenaza global la guerra contra el terrorismo se transformó en una empresa unilateral por parte de estados Unidos. En cambio los líderes nacionalistas árabes dieron a la religión un uso dual, agregando que el terrorismo de la Posguerra Fría se desarrolló en el proceso de la globalización de los años 90. Tarde o temprano la administración estadounidense deberá decidir cómo ubicarse frente a las demandas shiítas.
En el texto de Rodrigo Araya Dujisin se analiza la guerra de Irak desde la perspectiva de los medios de comunicación que llevaron hasta las pantallas el ataque “preventivo” de estados Unidos e Inglaterra. Se describen los mecanismos de generación de opinión pública internacional y las respuestas ciudadanas en contra del conflicto. Se analizan además los efectos políticos de las manifestaciones ciudadanas en contra de la guerra
En el documento de Farid Kahhat se nos indica que mientras proliferan los llamados expertos en temas islámicos, una serie de equívocos y mitos interesados en relación con esta creencia y sus creyentes se adueña del sentido común. Por ejemplo, interpretar la política en las sociedades islámicas según supuestos mandatos derivados de la religión. Un análisis detenido permite ver cómo en muchas ocasiones se culpa a las verdaderas víctimas, aun así hay que reconocer que los movimientos integristas islámicos son esencialmente pacíficos en su origen